El color surge de cómo la estructura atómica del mineral absorbe unas longitudes de onda de la luz y refleja el resto: ese resto es lo que ves. A veces lo causa su composición (malaquita verde por el cobre), a veces trazas de impurezas (el hierro que hace violeta la amatista) y a veces la propia estructura del cristal (el juego de colores del ópalo).





